ELEMENTOS

Salado: Corresponde al elemento Agua y al órgano Riñón. Se caracteriza por retener agua y aportar electrolitos, con lo que el Hígado puede realizar mejor sus funciones metabólicas.
Ácido: Corresponde al elemento Madera y al órgano Hígado. Todas las sustancias que son ácidas aportan protones y son necesarios para el buen funcionamiento del Corazón, el cual dispone de un músculo autoestimulable, por la bomba de protones. Por tanto ese sabor ácido, en su justa medida, mejora el funcionamiento de Corazón.
Amargo: corresponde con el elemento Fuego y con el órgano Corazón, y se caracteriza por estimular la secreción de jugos gástricos, estimular el proceso digestivo, de ahí que los alimentos amargos sean digestivos. De hecho los aperitivos son bebidas amargantes.
Dulce: corresponde con el elemento Tierra y con el órgano Bazo. Con el sabor dulce se hidrata y suaviza la garganta, con lo que se mejora la ventilación pulmonar. Por tanto el sabor dulce mejora las funciones de Pulmón.

Y así sucesivamente.

Esto, llevado a práctica clínica, resulta que, solamente teniendo en cuenta los sabores, se pueden mejorar funciones de los diferentes órganos del ser humano y de esta forma regular sus funciones fisiológicas.

Ahora bien, esto mismo también se puede interpretar con los aspectos patológicos del ser humano, el cual, con el uso desmesurado de alguno de sus elementos, o de sus sabores, se altera patológicamente el órgano correspondiente.
Picante: teniendo en cuenta los elementos, el Metal explota a Madera disminuyendo sus actividades. El sabor picante controla las actividades del Hígado. De hecho, cuando un individuo presenta una afección hepática no soporta los alimentos de sabor picante.
Ácido: La Madera explota a Tierra. Un consumo excesivo de ácido termina afectando a Estómago, produciendo úlceras. Del mismo modo, individuos aquejados de debilidad en la mucosa gástrica no permiten el uso de alimentos ácidos.
Dulce: La Tierra explota al Agua. El dulce ya se conoce como el ladrón del calcio, con lo que un exceso de dulce termina afectado a las funciones de Riñón, teniendo en cuenta que este órgano es el que se encarga del buen funcionamiento de los huesos. “Todo lo que es bueno para el Bazo es malo para el espinazo”. Los individuos muy obesos tienen problemas de sustento por parte de los huesos con lo que no deben excederse en el consumo de dulces
Salado: El Agua explota a Fuego. El sabor salado aporta electrolitos, retiene agua, y con ello aumenta la concentración de sodio en la sangre y la retención de líquidos, con lo que el Corazón tiene que esforzarse mucho más en hacer mover los líquidos y la sangre, aumenta la tensión arterial.
Amargo: El Fuego explota al Metal. El sabor amargo tiene la característica de secar, de purgar el calor y de secar la humedad, con lo que aquellos individuos que consumen mucho amargo, terminan presentando un aspecto cutáneo reseco, arrugado y envejecido, pues el buen estado de la piel depende directamente del buen funcionamiento de Pulmón.

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