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LA ALIMENTACIÓN INFLUYE MÁS QUE LA HERENCIA

Posted in enfermedades hereditarias with tags , on septiembre 11, 2012 by circulodaikon

LA ALIMENTACIÓN INFLUYE MÁS QUE LA HERENCIA

La alimentación domina los problemas de la herencia.

Veamos. En la actualidad, es increíble el número de niños deformes; de niños que, en el momento de nacer, están en posiciones contrarias a la natural-original; de niños prematuros y de partos demorados; de niños retardados o frágiles. Sin embargo, muy pocas personas han conseguido descubrir la verdadera causa de esta situación. Por negligencia o por falta de percepción global, se responsabiliza a la herencia de los problemas que no hemos sido capaces de solucionar.

Si decidimos creer que la herencia es la causa de terminante de tales males, llegamos a una encrucijada y sólo nos queda el desespero, pues este camino no nos lleva a ninguna solución real de la causa de tantos problemas y enfermedades. Si seguimos buscando el origen de los males en la herencia, a través de la línea genealógica de nuestros ancestros llegaremos, quizá, hasta el origen primero del ser humano, la pareja de Adán y Eva. Por consiguiente, estaríamos afirmando que todas las enfermedades hoy consideradas hereditarias (como diabetes, el cáncer, la alergia, en fin, el 80% de las enfermedades) tendría su origen en Adán y Eva. Pero si esto fuera cierto, ¿Porqué algunas personas enferman y otras no, si todas somos descendientes de la misma pareja? La realidad, en verdad, es bien diferente. El cáncer, la diabetes, las alergias, la sífilis, la epilepsia y todas las demás enfermedades consideradas como hereditarias tienen una causa distinta de la que nos propone la teoría de la herencia. Si encontramos unas personas sanas y otras enfermas, las causas son otras.

Desafortunadamente, el mundo de los científicos se debate en una discusión profundamente estéril y contraproducente, y se encuentra dividido en dos grupos que defienden ideas contrarias: uno sigue las concepciones de Johann Mendel y Thomas Hunt Morgan; el otro, las de Trofim Denisovich Lysenko y Alexandre Ivanovich Oparin.

Mendel y Morgan afirman que el elemento que domina en la vida individual es de causa interna; Lysenko y Oparin consideran la función individual una consecuencia del ámbito externo. Por lo tanto, unos y otros carecen de condiciones para llegar a una conclusión científica satisfactoria acerca del funcionamiento y el influjo de la herencia en la determinación de la constitución individual y la línea sanguínea. Las ideas que defienden no pasan de ser conjeturas e hipótesis sobre la herencia.

Si el factor hereditario realmente determina el destino de cada ser humano, nadie podría vivir con deseos ni esperanza de mejorar su propia vida. Si el factor hereditario realmente determina la formación del pensamiento, el carácter, la mente y la personalidad de cada individuo, los hijos de padres sin inteligencia resultarían siempre desprovistos de ella, y los hijos de padres inteligentes nacerían infaliblemente brillantes.

¿Qué esperanza tendría una persona, menos dotada por haber nacido de padres débiles, enfermos o retardados? Por otro lado, como sería de cómoda y fácil la vida para los hijos de padres inteligentes, pues no necesitarían esforzarse para alcanzar nada en la vida porque son aptos por herencia. ¿Para qué tanto esfuerzo, tantas luchas y gasto de energía si todo está predeterminado por el factor hereditario?

Lo mismo ocurriría respecto a la salud y la enfermedad. Si esa hipótesis fuera cierta, los hijos de padres enfermos no tendrían posibilidad de transformarse en personas sanas, aunque se alimentarán correctamente o evitaran los excesos o abusos, e intentaran cambiar sus vidas.

Si todo fuera predeterminado por la herencia, no podrían conseguir libertad para manifestar su valor o su capacidad individual. De nada servirían sus esfuerzos y tentativas, pues el destino estaría predeterminado por la poca capacidad o debilidad de sus padres. Por otro lado, ¿Será posible que los hijos de padres sanos puedan mantener su salud intacta por el simple factor hereditario, aunque cometan extravagancias y abusos por beber, fumar y alimentarse descontrolada y desequilibradamente?

Si nadie pudiera modificar su constitución orgánica y su destino, ni lograr corregir sus defectos o curar sus enfermedades – ya predeterminadas por herencia-, ¿Qué esperanzas o actitudes podrían asumir la ciencia o medicina moderna? Si la herencia es un factor tan decisivo en la determinación del destino y la vida humana, ¿Qué esperanzas quedarían para los hombres?

Lamentablemente la mayoría de las personas cree ciegamente en esa hipótesis. Pero por fortuna la realidad es otra, y nuestro mundo se mueve y se transforma según un orden profundamente libre y dinámico, y los cambios adecuados ocurren con gran variedad y diversidad, de acuerdo con las leyes infinitas del orden universal. Gracias al Orden del Universo y al Principio Único, no necesitamos preocuparnos ni temer a esa fantasiosa hipótesis de la herencia. Si una persona no obedece al Orden del Universo y es extravagante o negligente en el cuidado de su propia salud, debilita su organismo y puede quedar tuberculosa, anémica, o resultar víctima de derrame cerebral, de infarto o de cáncer, aunque haya nacido de padres muy saludables. Por el contrario, aunque sus padres hayan sido enfermos y débiles, si busca mejorar y se esfuerza con seriedad y ahínco, podrá alcanzar y fortalecer su salud al máximo y adquirir resistencia profunda a las enfermedades. Si una persona se esfuerza en cambiar sus propias desventajas o defectos, ahuyenta la hipótesis ilusoria y frágil de la herencia.

De la misma forma como el hijo de un carpintero pobre tuvo la posibilidad de transformarse en presidente de la república, la vida nos ha demostrado a través de innumerables ejemplos la forma en que los hijos de padres pobres, enfermos e ignorantes se han convertido en eminentes profesores de universidades, grandes pensadores y filósofos. Esas pruebas irrefutables de los cambios y transformaciones se encuentran por millares a través de la historia de la humanidad. Igualmente, podemos constatar la existencia de casos en los que la personas dotadas de grandes ventajas y fuerzas, y a pesar de haber nacido de padres poderosos, eminentes y con muchos estudios, se transforman en locos, idiotas, débiles mentales y hasta en asesinos, criminales o mendigos ¿Cuántos hijos de emperadores, presidentes, ministros, profesores universitarios, científicos y médicos no tuvieron fines trágicos?

Por causa de esos miles de cambios y transformaciones que la alimentación hace posible, la vida es maravillosa, admirable, emocionante, grandiosa y vale la pena ser vivida.

Por eso afirmamos que la alimentación domina y supera los problemas de la herencia.

Y es también por esta razón que este libro ofrece y muestra el significado y el valor profundo de la tradición alimentaria, o sea, la continuidad del tipo de alimentación de la familia, que busca promover el desarrollo creativo de cada individuo a través del aprendizaje de la influencia decisiva de la alimentación correcta, equilibrada y dinámica en la formación y nacimiento de niños fuertes, sanos e inteligentes.

PRUEBAS IRREFUTABLES DE QUE LAS ENFERMEDADES NO SON HEREDITARIAS

Se comprende de forma irrefutable que las enfermedades no provienen de los genes, sino del ambiente celular interno y externo que define sus cambios, al reflexionar sobre los distintos hechos que ocurren en los trastornos “hereditarios”. Los casos tan variados muestran que los genes no intervienen directamente en los trastornos, los cuales obedecen al modo de vida del enfermo. Analicemos algunos ejemplos confirmados por la genética, entre comillas, están sus verificaciones, cuyas causas siempre desconoce, y enseguida una aclaración sencilla del caso:

a)    “una lesión genética  puede trasmitirse a los hijos”. Cuando los hijos tienen costumbres (que forman su ambiente celular) muy semejante a la de sus padres.

b)    “una lesión genética puede no trasmitirse a los hijos”. Cuando el estilo de vida de los hijos es lo suficientemente distinto al de sus padres.

c)     “el daño genético de los padres puede presentarse en uno o más hijos, nietos, bisnietos, o en ninguno de ellos”. Posibilidad vinculada con el tipo de vida de cada hijo, nieto, bisnieto

d)    “muchas anormalidades genéticas son triviales ya que no causan ninguna deficiencia clínica o metabólica”. Esto indica que un cambio genético no obliga a que la persona sufra una enfermedad. Para que se enferme se involucran varios otros factores de su vida.

e)    “muchas anormalidades graves son congénitas (de nacimiento) pero no muestran daño genético”. Un ejemplo de esto es la focomelia o el nacimiento de bebés con extremidades como de foca, debido a que las madres tomaron durante el embarazo una sustancia llamada talidomida, considerada hace décadas un remedio. El medio celular nocivo puede no ser suficiente para causar daño genético pero si para provocar una terrible anormalidad. Otro ejemplo es el caso de sífilis congénita sin que se observe daño genético.

f)        “Muchas enfermedades no son congénitas pero sí genéticas”. Este es uno de los casos más importantes de reflexión. A millones de enfermos adultos o ancianos les dicen que el origen de su asma, diabetes, obesidad, cáncer, alergias, derrames y cientos de otros males, es un daño en sus genes. Sin embargo, si el problema esta en uno o más genes anormales de sus células… ¿Porqué llego la enfermedad a los 20, 40 o 70 años, y no desde tierna edad? La enfermedad no provino de sus genes sino de sus costumbres enfermizas de mucho tiempo que la hicieron llegar. Los genes pudieron o no estar alterados desde el nacimiento. La dolencia pudo aparecer más temprano, tarde o nunca, sin depender de los genes. Un ejemplo típico es la leucemia, que muchos especialistas consideran una lesión morfológica del cromosoma Philadelphia, sin que sea esta la causa principal. En realidad, nuestro modo de vida insano construye poco a poco ésta y cualquier enfermedad, como también la deficiencia en los genes mutantes asociados.

g)    “Están aumentando cada vez más las enfermedades en que se identifican genes y cromosomas atrofiados” ¿De dónde vienen tantos “males genéticos” si en el pasado había menos, y supuestamente los heredamos? El enorme incremento de mutaciones patológicas sólo puede explicarse por las pésimas costumbres de la vida moderna, que provocan que nuestro ambiente celular esté degenerando con rapidez.

h)    “Los trastornos genéticos pueden desarrollarse en el útero después de la fecundación del óvulo, sin que los padres o generaciones anteriores demuestren esta alteración”. Aquí es indiscutible que el tipo de vida nocivo de la madre en el embarazo, forma el medio celular que produce daños en los genes del feto. Un ejemplo lamentable está en los afectados por el síndrome de Down, que a pesar de venir de padres con cariotipo normal, tienen la anomalía de 3 cromosomas 21 en lugar de 2.

i)         “Muchas clases de cáncer presentan anormalidades en el cariotipo de la persona, pero en otras clases, se observa un cariotipo normal”. Prueba concreta de que el cáncer no depende de defectos genéticos. Muchos libros científicos recientes sobre el cáncer afirman que está relacionado íntimamente con el conjunto de costumbres del enfermo, y no con causas específicas como los genes.

j)         “Genes mutantes anormales se encuentran comúnmente en un pequeño porcentaje de todos los recién nacidos observados”. Al igual que la inmensa cantidad de virus que mantenemos en el cuerpo sin producir ningún trastorno, los daños genéticos tampoco son fuente segura de enfermedades. Una forma de vida desordenada sí determina las afecciones.

k)     “Muchos trastornos y síndromes atribuidos a un gen dominante, los sufren el abuelo y el nieto pero no el padre”. Frente a esto. La ciencia reconoce el llamado “porcentaje de penetración del gen patológico” (Farreras 1985). Este porcentaje es la proporción de personas que tienen el gen imperfecto que llegan a sufrir los síntomas, mientras los demás no los padecen. Hay síndromes como el de Waardenburg, en los que el “porcentaje de penetración” es del 50%, o sea, sólo la mitad de los que tienen el gen anormal sufren consecuencias. En otros síndromes existen “porcentajes de penetración” mucho menores. Esta relatividad del gen, que no impone nada, es ejemplo suficiente de que la enfermedad depende de las condiciones de vida del sujeto, no de que tenga el gen imperfecto.

l)         Por ultimo hay enfermedades supuestamente producidas por un cierto gen, que en algunas personas traen trastornos leves e insignificantes, mientras en otras los trastornos son de extrema gravedad. A esto la medicina llama “expresividad variable del gen” (Farreras 1985). Es obvio que debería llamarse “expresividad variable de las personas”, no del gen.

Si se estudian los hábitos personales en las regiones donde hay más trastornos de genes y cromosomas, y mayor cantidad de enfermedades congénitas, y también se investigan los hábitos de quienes tienen el mismo desorden en sus genes, la ciencia constatará para beneficio de la humanidad, que no existen tanto enfermedades sino enfermos. Es decir, que cierta forma de vida de una o más personas constituye la fuente primordial de sus padecimientos. Este análisis ya se está haciendo con respecto al cáncer, enlazándolo con dietas de alto consumo de productos animales, con carencia de fibras, con cigarrillo, etc.

El estudio de la genética estadística debe hacerse para que comprendamos el origen de cualquier enfermedad considerada congénita, genética o hereditaria, sea albinismo, hemofilia, leucemia, u otros miles de afecciones así clasificadas. Solo entonces se comprenderá que en las costumbres vitales de la persona está el verdadero proceso de curación y, mejor aún, de prevención. En pocos casos graves de anormalidad en la estructura orgánica, no será posible la recuperación, como la focomelia o el síndrome de Down, sin embargo, en este último, el progreso puede ser extraordinario en todo sentido.

Para comprobar cómo la revisión personal y de la geografía nos brindan respuestas profundas sobre el origen de los trastornos, veamos estos ejemplos:

El síndrome de Down o trisomía del autosoma 21, es más frecuente en zonas calientes que en frías, o sea, donde la gente consume en exceso comidas demasiado dilatantes, como gaseosas, jugos, frutas, dulces, productos demasiado Yin. Por eso todos los síntomas de este  síndrome muestran excesiva condición Yin: intestino dilatado y suelto, desmineralización, hiperflexibilidad, docilidad, hipotonía muscular, bajas térmicas, mala circulación, sentimentalismo, retraso mental, etc.

Este mal se genera el útero por deficiencias en el embarazo, no porque haya un cromosoma 21 sobrante, el cual, es consecuencia del ambiente celular alterado.

El síndrome XYY, con doble cromosoma “Y” (masculino) en lugar de uno, indica exceso de masculinidad. Esta anormalidad se ha observado a menudo en prisioneros de cárceles de máxima seguridad, asesinos, o en personas que han sufrido psicosis de gran violencia familiar. Sin embargo, en la descendencia de estas personas por lo general no aparece la anormalidad. Se entiende claramente que la violencia produce el doble cromosoma, y no que este cromosoma produzca violencia, allí se origina el doble cromosoma “Y”. los descendientes no presentan este desorden en el cariotipo porque viven en un medio ambiente distinto.

CONCLUSIONES

Los genes mutantes están cambiando continuamente

Según el medio celular que los subordina, y éste, a su vez, es fruto de las costumbres de vida de cada persona.

Así como los virus habitan en todas las personas y no son la causa principal de las enfermedades, hay lesiones genéticas en personas enfermas y sanas. Las dolencias no dependen principalmente de ninguna de estas dos condiciones.

Cuando se observan las mismas enfermedades en generaciones sucesivas, como diabetes, asma, cáncer, sin duda existe influencia hereditaria hacia la afección, influencia que puede ser genética o no. Pero lo que más heredamos de nuestros padres, y que provoca nuestras enfermedades, no son sus genes mutantes defectuosos sino sus malos hábitos de vida. Con nuestras costumbres podemos fortalecer o disolver la tendencia familiar a la enfermedad.

No es por causas genéticas que enfermamos sino por heredar conductas insanas o vicios, a menudo sin darnos cuenta. En las enfermedades, nuestros malos hábitos agravan lo que podría ser solo una influencia hereditaria perjudicial que podemos controlar. Hay costumbres que generan cáncer, diabetes, hipertensión, úlceras, derrame cerebral, gripe, estreñimiento, sinusitis, leucemia, sida, etc. Así también, hay conductas vitales para curarnos de estas afecciones y, además, para prevenirlas.

Fuente:

“Parto natural independiente” guía práctica de obstetricia original para madres, padres y personal médico.       Tomio Kikuchi.

“La alimentación esencial humana” Fuente primordial de nuestra vitalidad.

Santiago Portilla Rosales

Circulodaikon

大根丸

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