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EL MAESTRO KANO

Posted in georges ohsawa, ju-do with tags , on julio 5, 2012 by circulodaikon

Fue el maestro Kano quien al regresar de la Universidad de Tokio fundó el Kodokan, Centro de investigaciones sobre Tao o Do (1882).

Habia nacido el 28 de octubre de 1860 (murió en 1939) en Mikage, cerca de Kobe; la suya era una familia muy tradicionalista, pero de pocos recursos y él era el tercer hijo. Desde su infancia, Kano era pequeño y débil, por eso buscaba el arte de no ser vencido por los más fuertes que él.

El Japón en el cual nació Kano estaba totalmente trastornado, nunca se había visto tal desorden en su historia; era, de cierta manera, parecido a la situación de Francia en el siglo XVIII. Ocho meses después de nacer Kano asesinaban a Kamon-li, jefe del gobierno de Tokugawa, que acababa de habrir las puertas del Japón, cerradas hacia 300 años, y que había ajusticiado a todos los jóvenes lideres realistas e idealistas, opuestos a su gobierno.

Kano tenía 7 años cuando se produjo la gran reforma Meiji presionada por fuerzas extranjeras: Inglaterra, Francia, Rusia, Estados Unidos, etc., que entraron en competencia entre ellas por la colonización del mundo pacifico. En 1871 -Kano tenia 10 años- todos los Daimyos y sus territorios fueron suprimidos. Los Samurais se encontraron sin jefes. Todos ellos, incluso los maestros de las escuelas de ju-do tuvieron que buscar nuevos oficios. Muchos se suicidaron y en Tokio más de un centenar de escuelas de ju-do cerraron sus puertas.

Kano vio esa catástrofe de una civilización que había sido tan apacible y delicada. Quiso salvar al ju-do a través del cual deseaba fortalecerse. Buscó por todos lados maestros de ju-do que estaban desapareciendo y estudió todas las escuelas de ju-do que encontró. Finalmente, fundó la primera escuela unificadora de ju-do, con un solo estudiante: Tomita, un joven de 17 años, que más tarde alcanzó el 10 grado.

 

Al principio no pudo encontrar aspirantes que pudieran pagarle y tuvo que solventar todos los gastos del dojo con su sueldo como profesor de la Universidad de Tokio y en las escuelas de los nobles, mientras Tomita se encargó durante años de lavar las ropas de los judoka. Pero como aún no bastaba, kano ganó más dinero traduciendo libros y documentos para el ministerio de educación. No es fácil establecer una nueva escuela. Afortunadamente, en 1895 Japón venció a la China; en ese momento, Lafcadio Eran publicaba en Boston un libro en el cual, por primera vez, hablaba del ju-do en Occidente. Poco después se conoció el ju-do por todo el mundo. En 1901, varios importantes visitantes ingleses y unas 60 personas de la marina inglesa vinieron al Kodokan. En 1902, Kano envió a los Estados Unidos a uno de sus jóvenes discípulos, Yamasita, que recibió mucha ayuda por parte del presidente T.Roosevelt. luego ocurrió la guerra Ruso-Japonesa y todos los que conocían el ju-do jugaron un papel muy importante. La victoria Japonesa, gracias a la ayuda financiera de Jacob Schiff, aumentó al doble la reputación del ju-do. La vía del maestro del Kodokan fue siempre recta, desde el principio hasta su muerte en el Océano Pacífico, el 4 de mayo de 1939, retornando del Cairo donde había dado una serie de conferencias para las Olimpíadas. Tenía 78 años. Es raro que un pionero como él viva una vida tan larga y felíz.

La divisa de su escuela es: el mejor empleo de la energía física y espiritual. Según Kano, estos son los 5 puntos que conforman al hombre ideal:

1 un hombre en buena salud

2 un hombre justo

3 un hombre útil a la sociedad

4 un hombre de voluntad y coraje

5 un hombre trabajador y estudioso

un punto muy importante sobre el cual insistió era la cultura espiritual. Kano consideraba al ju-do como el medio de establecer esa cultura espiritual. Esa es la gran diferencia entre el ju-do y los demás deportes gimnásticos y físicos.

Todas las ciencias y escuelas modernas occidentales tienen la misma tendencia a ramificarse cada vez más a medida que avanzan. Desembocan así en su propia auto-desintegración, y así mismo en una descomposición de la humanidad. La situación actual del mundo entero es el resultado inevitable de esa tendencia, mientras que, por el contrario, todas las escuelas orientales giran alrededor del mismo principio Unificador: Tao o Do, el principio unificador de la filosofía, de las ciencias y de las grandes religiones, la estrategia de la paz, el Orden-Constitución del universo. Por eso la historia de Oriente fue tan pacífica, en oposición a la de Occidente. Desde 1600 hasta la introducción de la civilización Occidental, no hubo una sola guerra. Desde el comienzo del siglo XII el Japón gozó de una paz total. En las épocas Nara (710-793) y Heian (794-1156), la civilización Japonesa fue floreciente, se cultivó la poesía, la literatura, las bellas Artes y se instituyó la ceremonia del Té.

Después de la apertura a la civilización Occidental, el Japón degeneró. Pensaron que un país que tenía la sabiduría de usar nada más que el arco, la esgrima y el ju-do, se volvería más poderoso gracias a las armas de fuego e instrumentos occidentales. La educación moderna echó a perder el viejo Japón que nunca había admitido ser dominado por la fuerza o la mayoría. El Japón era una gran familia de pueblos dóciles a cuya cabeza se encontraba la familia real custodiada por los fieles samurais.

Después de dos guerras victoriosas, Sino-Japonesa y Ruso-Japonesa, subió al poder la fuerza: los generales, los almirantes, los militares. Esa fue la causa fundamental de la derrota total del Japón en 1945. Al final, la fuerza se descompone y sucumbe siempre. Una sociedad construida sobre la fuerza es efímera.

El principio del ju-do surge de la estrategia China: vencer la fuerza por la flexibilidad, la agilidad. Eso recuerda las cuatro combinaciones de dos elementos Yang: solidez y poderío, y dos elementos Yin: debilidad y flexibilidad, expuesto en los cuatro aforismos de la célebre filosofía estratégica China:

 

–        lo que es flexible y sólido se desarrolla cada vez más;

–        lo que es débil y poderoso se vuelve más y más célebre;

–        lo que es flexible y débil perderá lo que tiene;

–        lo que es sólido y poderoso sucumbe inevitablemente, tarde o temprano.

Song-Tsé, el exponente más conocido de esta filosofía estratégica, la más célebre de China, consagra su primer capitulo al establecimiento de la paz reposando sobre el Tao (o Do): es el método filosófico práctico que enseña al pueblo el arte de sobrellevar todo temor y todas las dificultades de la vida, garantizándole la libertad total.

¿Pero cómo realizar, en la práctica, esas combinaciones de Yin y Yang, de flexibilidad y solidez? ¿Cómo ponerlas en práctica, filosófica y psicológicamente, y por cuál método educativo? ¿Cómo Yin (flexibilidad de la personalidad) y Yang (solidez de la voluntad) pueden armonizarse en una constitución simbolizada por la del agua? “ el agua límpida tiene la suavidad de la caricia materna bienhechora para todos los seres, vegetales y animales, pero sin luchar, su fuerza invencible destroza la tierra y las rocas” (I-Ching).

¿cómo forjar tal constitución? Ante todo, ¿se puede cambiar la propia constitución a voluntad? Se lo desea mucho, todos desean perfeccionarse, y en esa eventualidad modificar el destino. ¿qué relaciones existen entre esas cualidades morales y la constitución fisiológica?

Ninguno lo menciona, ni Song-Tsé ni Lao-Tsé, ni Kano.

Ni Buda ni Jesús hablan de eso. Ese es el punto en común en el cual fallan todos los grandes hombres: exponen un ideal, sin medios eficaces para realizarlo. ¿Quién no comprende que es muy deseable y necesario establecer física y moralmente una constitución flexible exteriormente e interiormente resistente y de gran solidez? ¿Quién no reconoce que es muy necesario ser altruista, leal, fraternal, voluntarioso… pero cómo? Todas las escuelas distribuyen estas enseñanzas durante años y años, pero una vez acabados los estudios, cada uno descubre que nadie sabe como realizar la enseñanza recibida y algunos cometen faltas más grandes que los que nunca han frecuentado una escuela. Los animales nunca violan tales valores y saben como practicarlos. No fabrican armas de fuego y bombas atómicas para exterminar a otras especies ni, con mayor razón, la propia.

Nunca atacan al hombre, -salvo cuando éste los ataca-. Si habéis sido picado por inocentes abejas atraídas por un olor dulce y azucarado, es por vuestra propia culpa, ya que la composición de vuestra sangre es demasiado dulce y, asimismo, la flojedad de vuestra personalidad está relacionada a vuestra composición sanguínea. ¿si esta picadura os es insoportable, acaso no es un aviso del creador? Es la señal de alarma del peligro que corre vuestra vida. Si los cocodrilos os atacan en África, es porque suscitáis su temor y su cólera al penetrar sin ceremonia en sus dominios. Si vuestros pulmones son invadidos por millones de pequeños microbios es porque estáis debilitados y vuestra constitución tiene poca resistencia. La culpa es vuestra, sois responsables y criminales: durante largo tiempo habéis cometido faltas en el método de alimentación de vuestra constitución fisiológica. Debéis corregiros, pero si pedís ayuda prestada a los demás, o, tomáis medicamentos, cometéis un doble crimen. Jesús nunca empleó medicinas, así como nunca las empleó la medicina de extremo oriente. Si a veces os parece que las emplea, miradlas bien: son alimentos transformados.

 

En el universo hay muchas espirales, todos los soles, planetas y todos los elementos giran en formas espiraloides producida por la colisión de dos fuerzas antagónicas. Ante nuestros insuficientes y defectuosos sentidos aparecen como soles, u órbitas concéntricas de electrones, o electrones de naturaleza ondulante o difracciones de electrones, órbitas estelares etc. En realidad son siempre espirales logarítmicas. Los centros de esos remolinos tienen todos características similares: calor, fuerza centrípeta, solidez, resistencia, mientras que sus periferias tienen características antagónicas: frío, fuerza centrífuga, flexibilidad, fragilidad; Yin y Yang, centro y periferia son dos antípodas, los dos polos del electromagnetismo: esa es la explicación cosmológica original que un día verificará la ciencia moderna.

Esta es la constitución universal, cósmica y electrónica expuesta en la filosofía de Song-Tsé, y también en el principio de todas las escuelas del Do. Allí se encuentra el origen de la astrología y todas las teorías dialécticas, trátese de Heráclito, Demócrito, Hipócrates, Lao-Tsé, Jesús, etc.

Mal entendidas, deformadas a través de los siglos, desembocan en el misticismo, la superstición, la magia negra en el seno de los grupos ideológicos supuestamente dotados de poderes sobrenaturales. La misma ciencia moderna es una forma nostálgica de la magia.

 

 

La medicina de extremo oriente (I-DO) es una dietética macrobiótica. Cura todas las enfermedades fisiológicas y psicológicas por una simple dietética y nada más. No practica una sola operación sangrienta. La moxabustión, acupuntura, imposición de manos, etc. son sólo paliativos, tratamientos sintomáticos. La verdadera terapéutica es dietética. No es enemiga de la medicina occidental ya que su meta es la establecer la base fisiológica de la paz y la libertad, política, económica y social, ¡pero ya no sería felicidad si necesitáramos más medicinas! No es sólo curativa, sino principalmente una medicina social y, más exactamente, una educación social.

A todos enseña como vivir felices, sanos y libres, sin cometer tonterías de las cuales la enfermedad es sólo el castigo purgatorio, enseña como practicar el Tao o Do, según el orden-constitución dialéctico del universo- enseña como fundar un “saber vivir”, una ética y estética sobre la concepción global del universo y todo eso con simpleza y prácticamente.

Nunca emplea instrumentos atroces, complicados u onerosos. Es una revolución individual permanente a través de la educación biológica y fisiológica que se aprende con vivo placer.

El I-Do (la verdadera medicina) así como el ju-do transforma en amigo al enemigo más poderoso y, con mayor razón, lo cura sin matarlo, sin forzarlo, sin utilizar arma alguna. Pudiendo el ju-do gobernar al más fuerte enemigo sin usar instrumento alguno ¿Por qué no podría hacerlo con el más pequeño de nuestros enemigos, el microbio, virus o cualquier elemento causante de la enfermedad? Y ¿Por qué no los convertiría en amigo o presencia inocua?

Aprender el ju-do es desear tener una panacea práctica y fácil para curar todos los males, es aprender y comprender la eficacia y utilidad práctica del Principio de los Principios, el Orden del Universo. El ju-do con la “otra medicina”, es la puerta del mundo de la paz y la libertad: el reino de los cielos.

 

Fuente: “El libro del Judo” Georges Ohsawa

大根丸

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